Hedonismo: el desenfreno y el tardío desencanto. El Dorian de Wilde.



                  Dorian Gray (El retrato de Dorian Gray - Oscar Wilde). 

Bajo el arrebatador efecto de la comodidad aristocrática, Dorian es producto de una fama heredada que suscita habladuría entre los más distinguidos representantes de la cultivada y a la vez frívola nobleza londinense. Su envidiable aspecto, su plena juventud y sus finos ademanes provocan, entre las diferentes gentes, peculiares observaciones. Mozo sin familia aunque con opulencia, es pintado por un reconocido artista de la época que, pese a no tener mayor fortuna, mantiene una franca amistad con él.


Dorian Gray, quien posee el sosegado candor juvenil, será presa del inexorable y malicioso influjo de un hombre –individuo proveniente de esa nobleza veleidosa- que transformará bruscamente su mundo psicológico, sus nociones y conceptos. El más brutal hedonismo transmitido por este persuasivo sujeto –quien emplea un elegantísimo lenguaje, repleto de sarcasmos e inolvidables metáforas-, hará que Dorian caiga inmerso en el mundo de la lujuria, corrompiendo e ignorando así los principios básicos de toda moralidad y teniendo como valor supremo la desenfrenada búsqueda del placer físico y la eterna juventud. 

Mediante paradojas y frases perspicaces que ningún buen lector podría olvidar, los diálogos entre el pintor y el protagonista, entre el protagonista y el influyente noble, y entre el noble y el pintor, exhiben clarísimas actitudes homosexuales, nunca desvinculadas de su interesante y controversial autor. 

Oscar Wilde, con su amplio repertorio verbal, su incomparable originalidad y su atractiva y fina prosa –que considero entre las mejores de la historia-, nos mostrará la frivolidad de un sector de la sociedad inglesa en plena época victoriana.

Ricardo Connett